lunes, 1 de febrero de 2010

De la necesidad de una acción lesbiana

En este mundo definido por una economía desarraigada, capitalista, de consumo, y, más allá de ello, por la intenacionalización e interconexión múltiple del fenómeno hetropatriarcal, donde todo es susceptible de ser convertido en mercancía y, por consiguiente, de entrar a formar parte del entramado de relaciones sociales determinado por la jerarquía, la apropiación y la subordinación de los unos por los otros, cabe y debe preguntarse – desde una mirada lesbiana – cuáles están siendo las producciones simbólicas que del cuerpo femenino se ofrecen; dicho de otro modo, cuáles están siendo las representaciones sexuales definidas como explotación, y cuáles, en contraposición a éstas, pueden contribuir a la deconstrucción y, en definitiva, pueden posibilitar nuestra liberación y libertad.

En una cultura, la nuestra, donde la predominancia de la mirada sobre el olfato, el tacto, el gusto, el oído, dominan al cuerpo femenino, expropiándolo de su materialidad (física) y convirtiéndolo en un conjunto de leyes, deseos, relaciones normalizadas y objetualizadas por la acción y los deseos de los hombres; en una cultura, la del Estado español, donde estos mismos hombres miran a las mujeres y, las mujeres se ven a ellas mismas siendo miradas – una mirada que siempre implica Un sistema de control -, cabe preguntarse - desde nuestro ser lesbiano – si los roles sociales que son construidos en la representación pueden también ser revisados y reestructurados en el discurso, y si desde este ser lesbiano inexistente, ignorado o prohibido bajo el dominio de este sistema de producciones de regulación heterosexual, se puede cegar a este mismo poder que nos mira, aunque nunca logre vernos.

Ser lesbiana, en este contexto, supone para nosotras decir, nombrar desde un cuerpo mirado y construido desde “otro deseo”, un deseo que mira vulvas, sangre, boca, lágrimas, ciprina, linfa, flujo, oxígeno, heces, pechos, pulmones... no con Un afán de colonización y apropiación, sino desde una mirada que nunca empieza ni nunca acaba, que se articula como un continuo; como un continuo revulsivo y gozoso proceso de encuentro y reconocimiento, un deseo, el nuestro, que condena al exilio material al suyo, heterodepredador.
Hablar, tocar, mirar desde Un cuerpo lesbiano es autoidentificarse desde la perversidad y la disidencia que conlleva el hacer visibles nuestros cuerpos, el mostrarnos excitadas, mojadas, frotadas, jadeantes... porque sólo desde nuestro cuerpo podemos existir, podemos ser lesbianas.

Desde estos nuestros cuerpos y voces disidentes, las lesbianas de LSD subrayamos, reiteramos y saboreamos nuestro orgullo lesbiano. Lo saboreamos hasta erizarnos de placer. Un placer que está al margen de cualquier norma y ley (incluidas las que nos ofrece la Ministra Alberdi), que pretenden re(in)formarnos de dos en dos para alcanzar y disfrutar del “tan grato estatus” que les es propio a los heterosexuales. Frente a sus deseos “normalizadores” , las lesbianas de LSD seguimos luchando por otro mundo, un mundo que sea nuestro, hecho a través de nuestras miradas y sobre los placeres de nuestros cuerpos. Nuestra lucha es la disidencia a través del goce. Desde la subversión, la perversidad, la transgresión que les produce nuestra carcajada y mirada bollera.

Liliana Couso y Fefa Vila.
Anotaciones para la exposición fotográfica “Es-Cultura Lesbiana”.
Madrid, 1995



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